¿Hasta qué punto es cierto que los blogs amenazan al viejo periodismo? ¿Son o no una nueva forma de concebir y mejorar la profesión? Sus ventajas informativas son conocidas: libertad creativa, instantaneidad, carencia de presión comercial, fuente de información complementaria. Sin contar con su omnipresencia, su implantación natural en el ecosistema de los nuevos medios (y fuera de ellos), un hecho sobre el que sería insignificante entablar una discusión.
Nadie en su sano juicio desearía una vuelta al periodismo tradicional. Los hay que sí lo desean, y desde un punto de vista benévolo tienen motivos estimables y poderosos para ello, pero la pretensión de dar marcha atrás es inaceptable y utópica. Como sucede con la globalización, lo que necesitamos es más globalización, no frenarla en seco. Otra cosa es el debate sobre qué tipo de globalización estamos dispuestos engendrar o entrando en la materia, qué futuro queremos para periodismo digital.
Pero que una vuelta atrás sea la proyección de una aspiración fantasiosa no impide que, por otra parte, se pueda llevar a cabo un análisis crítico del fenómeno. A continuación, algunos de los lugares comunes intocables acerca de los blogs:
- Nada ha democratizado tanto la información como su aparición.
- Se han convertido en identidades de dominio público.
- Son una fuente informativa alternativa.
- Ejercen de proscriptores políticos alternativos a los medios tradicionales.
- Son los vigilantes del vigilante.
- Apelan a una nueva forma de objetividad.
Bien. Por lo general, el debate parte de la aceptación de estos principios (y algunos más) como irrenunciables. Pero, ¿realmente responden a la realidad afirmaciones tan contundentes como estas? Dejando al margen la siniestra discusión sobre la “nueva forma” de objetividad (algo que a los educados en la elemental ética periodística les pone los pelos de punta), muchas de estas opiniones beatíficas resultan injustificadamente alegres.
¿Cuántos blogs presentan efectivamente una información alternativa seria, contrastada y diferente de la de los medios tradicionales? En países donde el periodismo sobrevive dentro de las costuras de la dictadura, se suceden casos de solitarios héroes (en el caso de Cuba, heroínas) que sí lo consiguen.
Pero… ¿y en los países democráticos? Aquí, por motivos del guión, la información alternativa suele abrazarse a dos polos, verborrea para convencidos por un lado e información sesgada (de izquierdas o de derechas) por otro. ¿Es esto en lo que consiste ser una “fuente informativa alternativa”? Y con respecto a la ansiada democratización (¿es que antes de internet los medios de comunicación nunca fueron democráticos?) o el llamado periodismo 3.0, el escepticismo debiera ser aún mayor. Pero eso es tema para otro post.
Etiquetas: blogs, periodismo 3.0, periodismo digital

Agosto 12, 2008 a las 1:21 pm
quisiera saber hasta que punto el periodismo 3.0 puede genenerar violencia, es decir, como yo puedo opinar lo que quiero, puedo suscitar violencia.??